Santa, apareció 52 hojas tamaño oficio, con una letra minúscula, apretada, en tinta negra y algunas anotaciones al reverso, el narrador y diplomático mexicano Federico Gamboa (1864-1939), quien escribió su novela más famosa de la que el año pasado se publicó la primera edición crítica y anotada.
Ya muy ajadas por el paso de más de un siglo, pero en buenas condiciones, las páginas sobre las que tanto trabajó el máximo exponente del naturalismo en México narran una historia que desafió la moral de su tiempo, porque evidenció la normalidad con la que se practicaban la infidelidad y el adulterio, entonces en una sociedad muy “espantada” y agresiva contra la prostitución.
Santa, la joven de 19 años oriunda del barrio de Chimalistac que, por azares del destino, cae en la prostitución y cuya vida se va degradando poco a poco hasta su trágico desenlace, se convirtió en un personaje arquetípico que inspiró en 1918 el primer largometraje mudo, y después la primera cinta del cine sonoro mexicano en 1932.
Al final del tomo donde esta trama fue plasmada por primera vez, resguardado en la Biblioteca Alberto María Carreño de la Academia, aparece una fecha: Guatemala, 7 de abril de 1900-Villalobos, 14 de febrero de 1902, lapso en el que el también periodista confeccionó la novela.
Este documento de puño y letra de Gamboa fue punto de partida para la edición crítica y anotada de Santa, que coordinó el poeta e investigador Vicente Quirarte, cuya primera edición data de 1903, publicada en Talleres Araluce de Barcelona, España.
La redición de Santa evidenció la vigencia de esta obra, cuya protagonista ya se había convertido en una leyenda hacia los años 20 de la pasada centuria, apuntó en su momento Álvaro Uribe en su libro Recordatorio de Federico Gamboa.
Se cuenta ahí que en 1926, los vecinos de Chimalistac sorprendían a los forasteros que curioseaban en el cementerio local con narrándoles de cómo en las noches se escuchaban los suspiros de Santa. Es decir, más que un personaje de tinta y papel, pensaban que era una mujer real y entre el morbo y el deseo de que Santa fue de carne, hueso, y muy seductora.
La leyenda de este fantasma femenino, según trascendió en su época, tal vez comenzó en 1918, como lo comprueba un artículo publicado por La Prensa de San Antonio Texas, que retoma un despacho dado a conocer en la Ciudad de México el 18 de marzo de ese año, en el que se narra que cuatro señoritas estadunidenses, “acaudaladas, a juzgar por sus ajuares, de un lujoso y riguroso color negro”, habían viajado a la capital mexicana para visitar la tumba de Santa en Chimalistac.
“En esa fecha el milagro ya había ocurrido. Santa fue un arquetipo desde la publicación de la novela, en 1903. Unos 15 años más tarde, había transgredido su naturaleza ficticia para contaminarse de realidad”.
La novela que ha trascendido en el tiempo, también se llevó al cine y la televisión y estas son las realizaciones:
1918. Santa: Primer largometraje mudo dirigido por Luis G. Pereda, quien también realizó el guión, y protagonizada por Elena Sánchez Valenzuela.
1932: Santa: Considerada la primera película del cine sonoro mexicano. Dirigida por Antonio Moreno y protagonizada por Lupita Tovar.
1943: Santa: Dirigida por Norman Foster y Alberto Gómez de la Vega y protagonizada por Esther Fernández.
1969. Santa: Dirigida por Emilio Gómez Muriel y protagonizada por la juvenil Julissa.
1978. Santa: Telenovela mexicana producida por Irene Sabido y dirigida por Miguel Sabido. La adaptación corrió a cargo de Luis Reyes de la Maza. Fue protagonizada por Tina Romero.

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