Al igual que al extinto líder sindical cetemista, al senador se le puede denominar también sempiterno, toda vez que no ha habido en ese partido relevo alguno: desde 1990 cuando se fundó el PT, Alberto Anaya encabeza la agrupación. Y no se ve que alguien le haga sombra; ni Noroña.
Anaya Gutiérrez jugó en esta negociación con panistas y priístas; es decir: les tendió la mano y les arrojó una suerte de salvavidas, toda vez que se trata de partidos políticos en clarísimo proceso de extinción.
Y sería más preciso decir que les tendió la mano a Alejandro Moreno Cárdenas y a Jorge Romero Herrera, ambos enemigos jurados del proyecto de nación de la 4T del que, se supone, el senador Alberto Anaya forma parte.
Es decir: el líder nacional del PT –y su bancada en el Congreso- la jugaron con los que se supone tendrían que ser sus enemigos. Esa conducta tiene un nombre muy feo, pero muy claro. No obstante, a petistas les ofende y les incomoda que les llamen traidores.
Para la Presidenta –aunque no lo admita- la aprobación del Plan B, tal cual quedó con los votos del PRI, PAN, MC y del PT, si es una derrota, si bien, no definitiva.
Sheinbaum Pardo, fiel a sus convicciones, le apuesta al pueblo, a la ciudadanía, a los votantes. Para ella, la gente común sabe bien de dónde se le negaron los votos al avance de la democracia. Y por lo que ha dicho, tiene plena confianza en que el pueblo, en consecuencia, sabrá cómo y por quién votar en las próximas elecciones federales, en 2027.
Pero curtida en trapacerías, la oposición consiguió también que en esta ocasión la Presidenta no apareciera en las boletas electorales, como parte de la revocación o ratificación del mandato; fue evidente el miedo que tienen al efecto Sheinbaum, esa especie de reacción en cadena que la sola aparición del nombre de la mandataria habría provocado. Es decir: votos en cascada a favor de la ratificación, pero también a favor de los candidatos morenistas.
La consecuencia clara está a la vista: ni PRI, ni PAN habrían logrado el mínimo de votos para conservar el registro.
De manera que, así las cosas, el próximo año habremos de ver si se imponen las convicciones democráticas de la mandataria. O si por el contrario revive el muerto. Y sabremos entonces si realmente fue una derrota el Plan B de la Reforma Electoral de Sheinbaum.
Por lo pronto, a la mandataria las encuestas la ponen muy, pero muy arriba, incluso por encima de los noveles que alcanzará el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador.

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