En esta línea del cambio de la mentalidad presidencial habría de explicarse también la tersura con la que los analistas de Televisa, días antes, trataron al puntero de las encuestas sobre la elección presidencial, en entrevista colectiva que para nada fue abrumadora o montonera.
Y casi como una respuesta este miércoles el tabasqueño dijo que lo más conveniente respecto del nuevo aeropuerto es que su construcción sea concesionada; que en ésta no haya más dinero público; y así, sorprendió porque pasó a segundo plano la presunta inviabilidad técnica de la nueva terminal aérea.
O sea, es casi como en la física: a toda acción corresponde una reacción.
Es decir, la hipótesis es que: 1). El Presidente Peña Nieto ya aceptó que el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia será el nuevo usuario de la banda presidencial; 2). Su prioridad es, por tanto, no enemistarse con él, menos para que se le investigue.
El tercer punto es que para López Obrador es importante recibir un país con gobernabilidad, esto es, sin fobias, odios, resentimientos o rencores, algo fundamental para hacer avanzar su proyecto de la Cuarta Transformación.
Es decir: si el Presidente Peña Nieto decidió sacar del aire a Ricardo Alemán, no habría sino enviado una señal de cercanía o “buena voluntad” a López Obrador. Y una respuesta algo similar habría obtenido del tabasqueño con su conciliadora nueva postura sobre el aeropuerto a construir.
Lo que queda claro es que el columnista no fue víctima de la censura sino, más bien, un peón sacrificado del ajedrez político. Se puede hablar de censura cuando el periodista desnuda a los poderosos y como consecuencia, pierde su tribuna: es acallado. Y no fue el caso.
El que Alemán haya perdido su otra tribuna en el periódico Milenio ha sido una decisión personal, según lo dicho por el propio columnista y luego de una larga conversación que, dijo, sostuvo con el director general del diario, Carlos Marín.
Si bien el escenario que se advierte es el de que “este arroz ya se coció”, lo cierto es que a menos de 90 días de la elección presidencial, muchas cosas pueden pasar: que el puntero cometa una grave equivocación. O que Peña Nieto tenga que sacrificar otros peones.
Como quiera que haya sido, lo que también es cierto es que Andrés Manuel López Obrador ha prometido que conversará con Enrique Peña Nieto, una vez pasada la elección, para abordar ciertos temas que deben quedar resueltos antes de la toma de posesión.
Desde luego, sobresale el tema de la transparencia, fuertemente asociado al propósito de combatir la corrupción. Y, claro, contra la impunidad, la procuración de justicia y el restablecimiento del estado de derecho.
Va a ser interesante -si el tabasqueño se alza con el triunfo-, saber de qué platicarán y los acuerdos a los que llegarán.
Veremos.

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