Y si, efectivamente había dos candidatos para ese cargo: un muchacho de menos de 25 y una vecina que querían convertirse en presidente seccional de Morena en la colonia Vallejo en la alcaldía Gustavo A. Madero; cuestionado sobre sus formas de proceder, el representante morenista, organizador de la contienda, escuchó reclamos de que las cosas no se hacen así, que debieron haber convocado a la población a conocer los documentos básicos del partido e invitarla entonces a la afiliación.
Y si la gente en uso de su libertad y luego de conocer los documentos y principios básicos de Morena decidía afiliarse, pues estaba bien porque eso era lo éticamente correcto, porque como lo estaban haciendo, parecía más bien engaño y manipulación, algo muy similar a lo que en otros tiempos hacía el ahora casi extinto Partido Revolucionario Institucional (PRI).
El chico que estaba al frente de la afiliación –no mayor de 30 años-, parecía apenado y, a manera de disculpa, balbuceó que él había ido casa por casa para invitar a los vecinos a afiliarse, pero que muy pocos le permitieron que les explicara. Era creíble, pero también quedó claro que le interesaba más cumplir con las directrices, más bien órdenes, que desde la dirigencia del partido le habían dado; de hecho dijo que iba en representación de la dirigente nacional Luisa María Alcalde, con quien sin duda, quería quedar bien.
Desde luego, cuando la gente tuvo claro que se trataba de una afiliación, varios enojados e inconformes, se retiraron; los que se quedaron lo hicieron, bajo protesta y no con pocos reclamos. Intervenciones espontáneas de algunas vecinas y vecinos tuvieron el tino conciliatorio: la afiliación terminó.
Enseguida los candidatos se presentaron y a manera de campaña súper express, expusieron su plan de acción.
Acto seguido vino la elección: si con boleta, si en urna, pero no en secreto. Y ganó el muchacho, a través de quien, dijo el organizador, Morena haría llegar sus comunicaciones.
En el ánimo de los asistentes quedó la esperanza de que no fueran órdenes; de que, en todo caso, se permitiera réplica y discusión. Y también de que ya una vez dentro de Morena, su voz fuera escuchada y se hiciera valer.
Había también cierta expectativa de recibir cierta cantidad de dinero o de anotarse para recibir despensas, por haber participado, especies que alguien dejó correr y que la gente ya traía como inquietud incesante en preguntas en voz baja, a diestra y siniestra.
La colonia Vallejo se distingue por el olvido secular en que la han tenido los que antes fueron delegados o jefes delegacionales del PRI, del PRD y de Morena.
Y actualmente enfrenta el asentamiento irregular –precisamente sobre la calle de Clave- de unas mil familias de migrantes, la mayoría venezolanos, que habitan en casuchas de madera y materiales reciclables, en condiciones poco dignas y que con el tiempo se han convertido en un verdadero foco de insalubridad.
El actual alcalde, Jane Carlo, muy cercano a la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, sólo se aparece cuando las condiciones le favorecen para tomarse la foto y mediáticamente aparece en redes como si estuviera trabajando para la comunidad.
No queda claro que esté respondiendo a las expectativas y necesidades de los vecinos que le entregaron el voto. Y si más bien parece claro que está a las órdenes de Clara.
La realidad es que su gobierno no se ve: la colonia también padece una inseguridad creciente y sexenios van y vienen y el problema de la basura no se atiende; suele faltar el agua y el alumbrado público cada noche, viene a menos.
En fin: Morena tiene nuevos, sorprendidos y no muy conformes afiliados.

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