Desde luego que la administración Trump había calculado qué pasaría, porque todo sucede en el contexto del escándalo de las acusaciones contra políticos de la 4T de estar vinculados con organizaciones delincuenciales.
Nada de eso se ha comprobado. Pero López Beltrán reaccionó como si lo hubieran colocado en esa lista.
Lo que si hizo el hijo del Peje con su reacción iracunda, fue facilitar a la oposición una nueva arma propagandística que ésta habrá de usar contra él mismo:
Su reacción desmesurada –de una indignación sin sustento-, no hizo sino despertar la suspicacia, pero no sólo de la oposición de derecha, sino también de un sector de la ciudadanía, acaso simpatizantes de Morena.
¿Pues qué esconde o qué teme?, se habrá preguntado más de un ciudadano que en medio de la campaña anti morenista de desinformación, mentiras y confusión, no hace sino aferrase con todo a su convicción.
Y acaso vacile.
Sobre este caso el gobierno de la Presidenta Sheinbaum rectificó: de una reacción en la que salió a relucir el tema de la defensa de la soberanía, pasó a considerar que el hecho era un asunto individual y que nada tenía que ver con una afectación de las relaciones internacionales entre México y EU.
De López Beltrán, la oposición ya no se ocupaba mucho.
Pero a partir de este asunto del retiro de la visa, su figura vuelve a los primeros planos: como la liebre que desesperadamente huye de los rabiosos perros que integran una jauría desquiciada y enloquecida por sus odios.

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