Del Cueto Ruiz-Funes precisó: “La idea es que todo se convierta en un sitio público, dar un nuevo uso a los tres edificios; ver la manera de hacer un espacio de paso seguro, porque en este momento, debido a la carretera, no lo es. Creemos que pueden tener un futuro mucho más prometedor de lo que es en este momento”.
Tras comentar que será en enero de 2025 cuando se realice la presentación oficial del proyecto en Los Manantiales, el arquitecto recordó que, originalmente, en 1938, el sitio era una cabaña de madera que se llamaba Parque Restaurante Manantiales. Hacia 1957, luego de un incendio el proyecto de reconstrucción fue encargado a Joaquín Álvarez Ordoñez, quien a su vez invitó al joven arquitecto Félix Candela, llegado a México en 1938 durante el exilio español.
Precisó que Candela fue uno de los arquitectos más progresistas que arribaron al país al colaborar en el diseño y construcción de estructuras laminares para hacer más eficiente el aprovechamiento de marcos rígidos de concreto, principalmente a través de su compañía Cubiertas Ala, que le dieron fama mundial y su obra en Xochimilco es considerada icónica y un referente cultural en el mundo.
Destacó que Candela trabajó con el material y la geometría paraboloide; la primera vez que utilizó esta estructura fue en el Pabellón de Rayos Cósmicos en Ciudad Universitaria, pero también se le ve aún hoy en Boliches Marsella, el Palacio de los Deportes y las estaciones del metro San Lázaro, Candelaria y La Merced, siendo sus últimas obras en México.
A su vez, Andrés López García, académico de la FA y principal encargado del rescate del espacio, precisó que cuando se construyó Los Manantiales –una bóveda de ocho gajos– el acceso era directo por los canales de Xochimilco; debido a que el nivel del agua ha bajado más de tres metros, éste quedó restringido a la avenida y en la zona donde se encontraban las escaleras construyeron un muro incompleto.
Debido a que el terreno es irregular, con el tiempo se generó un hundimiento de hasta 50 centímetros de desnivel, lo que llevó a la pérdida de la geometría y la deformó en algunos de sus lados, lo cual fue más evidente con el sismo de 2017, cuando en el terreno quedó una profunda grieta en el suelo.
López García narró que en la primera etapa se avocaron a hacer levantamientos y rescatar la historia del inmueble. Una vez hecho el diagnóstico, explicó el arquitecto, lo primero fue apuntalar para reducir la deformación plástica, pues debido al movimiento sísmico los cimientos se rompieron y el edificio corría el riesgo de colapsar.
La segunda etapa de intervención fue la instalación de una serie de trabes de liga que en forma de radio refuerzan la estructura de todo el edificio, evitando que los arcos se abran; además de la instalación de 16 pilotes a 25 metros de profundidad colados en sitio, fue demolida la parte del cascarón dañado y las piezas de acero afectadas fueron cambiadas, entre otras medidas.
En la tercera etapa literalmente desnudaron el cascarón para ver todas las imperfecciones, resultando en un kilómetro de grietas, las cuales fueron reparadas y se reconstruyeron dos de los cascarones más dañados a causa del sismo. (Gaceta UNAM, Diana Saavedra)